Un CHRO que analiza la madurez de IA no mira primero a los sistemas. Mira a las personas, los roles y la pregunta de si la organización puede soportar un cambio de esta magnitud sin quebrarse. Ese es un enfoque distinto al de un CIO o un CEO, y por eso precisamente este rol necesita una respuesta propia.
Si los pilotos de IA se estancan, el CHRO acaba tarde o temprano pagando las consecuencias. Inquietud en el lugar de trabajo, resistencia de equipos que no saben qué se espera de ellos, directivos que aplican IA sin consultar a RR.HH., y una organización que se cansa del cambio antes de que se haya establecido algo estructural. El CHRO pierde más en este punto cuando la organización trata la IA como un proyecto de TI en lugar de un cambio que atraviesa toda la estructura de personal.
Lo que un CHRO quiere ganar es otra cosa: una organización que sabe quién es responsable de qué cuando la IA adquiere un papel en el trabajo, roles que se han redescrito en lugar de cambiar silenciosamente, y un proceso de cambio que acompaña a las personas en lugar de sorprenderlas. Ganar eso no empieza con una herramienta de IA. Empieza con la pregunta de si la propia organización está lista.
La pregunta que plantea un CHRO no es "qué tareas van a desaparecer". Esa pregunta llega más tarde, y corresponde a otro instrumento. La pregunta que debe plantearse primero es: ¿está la organización en condiciones de que un cambio como la IA aterrice de forma responsable? ¿Están los roles, las responsabilidades y la toma de decisiones organizados de tal manera que las personas sepan qué se les pide? ¿Existe una base de organización, infraestructura y gestión de datos capaz de soportar este cambio, o descansa ese cambio sobre un fundamento que todavía no está?
Esa es la razón por la que la medición de madurez empieza por las dimensiones fundamentales y no por las dependientes. Una organización no puede gestionar la IA de forma madura en el nivel de insight o intelligence si la base de organización y datos todavía está en baseline o foundation. Ese orden no es una elección del CHRO, es el orden en el que funciona.
Un CHRO no acepta una respuesta basada en una única impresión. "Parece que estamos listos" no es una respuesta sobre la que se pueda construir un proceso de cambio de esta magnitud. Lo que sí cuenta es una imagen construida a partir de varias perspectivas: cómo ve la dirección a la organización, cómo la ve TI, cómo la ve un jefe de equipo en el lugar de trabajo. Si esas tres imágenes difieren mucho entre sí, eso ya es información en sí misma. Dice algo sobre dónde la organización carece de claridad, y hacer visible esa dispersión es al menos tan valioso como el nivel exacto en el que puntúa la organización.
Por eso la medición trabaja con una ronda de puntuación en la que varias personas puntúan por separado, sin influirse entre sí. No para calcular un promedio, sino para ver en qué está de acuerdo la organización y en qué no. Para un CHRO, ese suele ser el resultado más útil: no la cifra, sino la conversación que surge de la diferencia entre lo que piensa la dirección y lo que experimenta el lugar de trabajo.
Un CIO plantea otra pregunta, centrada en la infraestructura y la arquitectura de datos, como se describe en en qué se fija un CIO en la madurez de IA. Un CEO mira de forma más amplia a la organización como un todo, que puede leerse en en qué se fija un CEO en la madurez de IA. Y quien es responsable de la organización del trabajo en sí, encuentra una perspectiva complementaria en en qué se fija un workforce leader en la madurez de IA. Estos roles miran a la misma organización, pero no plantean la misma pregunta, y por eso precisamente la medición está construida por dimensión y no por función.
La medición de madurez se está desarrollando ahora. Todavía no hay un instrumento que pueda completar hoy, y aquí no se ofrece nada que aún no exista. Quien quiera seguir el desarrollo o quiera ser de los primeros en medir cómo está la organización, puede inscribirse en la lista de espera.
Esta medición responde a la pregunta de si la organización puede soportar la IA: si los fundamentos de organización, infraestructura y datos están en orden antes de que la IA adquiera un papel en el trabajo. Esa es una pregunta distinta de qué parte del propio trabajo es posible que asuma la IA. Esa segunda pregunta la responde el escáner de trabajo de FTE TO AI, que calcula por tarea qué parte es adecuada para que la asuma la IA. Un CHRO que ya sabe si la organización está lista, dispone con ese escáner de trabajo del instrumento para ver dónde se concreta después el cambio.
Vraag maar wat er moet staan voordat AI in uw organisatie kan landen.
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